Tengo cuatro perros y, aunque viven en la misma casa, cada uno parece tener una idea distinta de cómo debemos vivir en ella.

Enzo quiere estar pegado. Mía quiere que respeten su espacio. Niko se toma su tiempo, excepto si suena el timbre. Y Lily… Lily quiere mandar.

Los veo y pienso: cuánto nos complicamos a veces esperando que todos seamos iguales.

Quería abrir este espacio para compartir un poco de ellos, de sus ocurrencias y de lo que me pasa al observarlos. Así nace Los de la Manada.

Les presento a los integrantes.

Cada uno con lo suyo

Niko es el bonachón. Consentido, suavecito y con una calma que tiene sus excepciones. Puede tomarse la vida con mucha tranquilidad, pero suena el timbre y se acabó la pausa.

También está muy pendiente de las migajas de la cocina. Para algunas cosas sí hay que estar atento.

Una de las cosas que más gracia me hace es que intenta imitar los aullidos de Enzo. No le sale. Pero él lo intenta, y verlo participar a su manera tiene su encanto.

Enzo es intenso y muy cariñoso. Con los extraños puede reaccionar al principio, pero cuando entra en confianza quiere contacto, cercanía, estar pegado a uno.

Cuando lo dejan solo, aúlla como un niño llorando. Tiene una forma bastante clara de expresar que no le gusta esa parte del plan.

Mía es nuestra beagle. Inteligente, gruñona y muy suya. Le gusta su espacio, y eso hay que tenerlo presente. No porque los demás quieran estar juntos significa que ella quiera lo mismo en ese momento.

Con la comida es especialmente hábil. Puede distraer a los otros para quedarse con ella. Y si hay una migaja por encontrar, su nariz lleva ventaja. Hay que reconocerle el talento.

Lily es “la generala”. Mandona y con iniciativa, sobre todo cuando se trata de empezar un pleito. A veces lo inicia y después se retira, dejando que los demás sigan.

Ella ya hizo su parte, aparentemente.

Los quiero muchísimo. También veo sus diferencias, sus exigencias y esas cosas que hacen que convivir con cuatro perros tenga bastante movimiento.

Quererlos también es conocerlos

Con ellos resulta fácil ver que una misma cosa puede gustarle mucho a uno e incomodarle a otro.

Enzo busca contacto. Mía aprecia su espacio. Los dos forman parte de la misma familia. Ninguno tiene que parecerse al otro para pertenecer.

Y ahí me quedo pensando en nosotros.

¿Cuántas veces esperamos que alguien necesite lo mismo que necesitamos nosotros? Si yo quiero hablar, espero que el otro quiera escuchar en ese momento. Si quiero cercanía, puedo sentirme rechazada cuando el otro necesita un rato a solas.

A mí me sirve detenerme y preguntarme qué estoy dando por hecho.

Conocer a alguien lleva tiempo. Incluso cuando llevamos años compartiendo casa. Podemos acostumbrarnos tanto a nuestra manera de verlo que dejamos de prestar atención a lo que necesita hoy.

También hay límites, claro. Somos varios compartiendo un espacio, y las necesidades de todos cuentan. A veces toca acercarse; otras, dejar tranquilo al otro. Y otras, intervenir para que la generala no organice más de la cuenta.

Por aquí empieza la serie

En este espacio les iré contando más de Niko, Enzo, Mía y Lily. Habrá humor, cosas cotidianas y alguna reflexión que aparezca entre tanto pelo y tanta personalidad.

Porque disfruto observarlos. Me hacen reír y, a veces, me dejan pensando.

En tu casa, ¿hay alguien que necesite algo distinto de lo que tú sueles ofrecerle?

Nos seguimos encontrando por aquí, con Los de la Manada.

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